Noticias
  • 7 errores de la Alta Dirección

    Razones para apostar por la calidad en las empresas

    Desde las páginas de este blog os hemos hablado de la importancia de apostar por la mejora continua. En ocasiones, uno de los principales obstáculos para apostar por la calidad viene de la propia dirección de la empresa. Hoy enumeramos los 7 errores de la Alta Dirección.

    Fue un estudioso de la estrategia empresarial como William Edwards Deming, el que formuló su famosa teoría de la «Calidad Total» en la cual encontramos conceptos tan interesantes como los de mejora continua o el famoso ciclo PDCA.

    En algunas de sus publicaciones, este profesor universitario estadounidense también se refirió a las enfermedades, vicios o 7 errores más comunes de la Alta Dirección a la hora de decidir implantar un Plan de Calidad.

    El principal problema es el de ser reacios a los cambios, aunque estos impliquen mejoras sustanciales y estructurales en la Organización como sucede al implantar un sistema de calidad basado en normas ISO.

    Una de las principales razones de esta reticencia es el de seguir apostando por estructuras conservadoras apegadas a visiones muy simplistas y tradicionales de las estrategias empresariales.

    Apostar por la calidad ofrece a la empresa una posibilidad de mejora que se traduce en una mejor percepción de los consumidores y otros agentes económicos, lo que nos lleva a reducir costes, mejorar los ingresos y, por ende, maximizar la cifra de beneficios.

    7 errores de la Alta Dirección

    1. Falta de una estrategia clara: La alta dirección no quiere o no puede ver más allá de los objetivos cercanos, por lo que no fijan una estrategia en el largo plazo ni una misión/visión capaz de marcar el rumbo de la empresa en el futuro; siendo incapaz, además, de transmitir esos valores sostenibles a lo largo del tiempo al resto de miembros de la Organización.
    2. Cortoplacismo: Consecuencia de lo anterior, si la Alta Dirección no fija una estrategia de futuro para el largo plazo es porque solo está pendiente del cortoplacismo, de lidiar con los problemas y acciones del día a día, sin mirar más allá.
    3. Cambios constantes en la dirección: Si solo nos fijamos en la problemática del día a día, en «apagar los incendios» que nos vamos encontrando, cada grupo de directivos que llegue al cargo solo podrá basar sus actuaciones en seguir enmendando los errores y problemas actuales, sin tener tiempo ni capacidad para establecer planes para el futuro. Además, en este tipo de organizaciones suele haber una alta rotación de la directiva debido al estrés, perdida de confianza por parte de accionistas, incapacidad para demostrar que se cumplen determinados objetivos. Todo ello, aumenta un clima de desconfianza insostenible.
    4. Meritocracia y desempeño: En este tipo de estructuras rígidas y tradicionales, los indicadores para medir el éxito se suelen basar simplemente en los resultados inmediatos y en el desempeño, habiendo otras medidas que también puede evaluar si las cosas se están haciendo bien y de forma eficiente.
    5. Resultados y datos financieros: Derivado de lo anterior, en las empresas con visiones arcaicas solo se presta atención a los resultados económicos y en los objetivos a corto plazo, lo que deja sin evaluar otros elementos importantes y activos intangibles que pueden marcar el buen funcionamiento de la empresa en el largo plazo.
    6. Trabajadores descontentos: En estos tipos de estructuras organizativas, la tensión y el estrés de los trabajadores suele ser elevado, pues solo son evaluados por cifras objetivas y resultados a corto plazo. Lo que provoca un clima laboral viciado, tenso e infeliz. A la postre, trabajadores desmotivados y poco comprometidos con la estrategia de la empresa.
    7. Satisfacción del cliente: En este tipo de estructuras en las que se vive permanentemente pensando en el corto plazo, la satisfacción de los clientes con los productos o servicios recibidos suele ser muy baja, lo que implica un alto número de incidencias y reclamaciones que vuelven a entorpecer la capacidad de la empresa para pensar en el largo plazo, al estar centrada en resolver los problemas del día a día que van surgiendo.
    Compartir

    Deja una respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *